Ruta de la Seda

¿De dónde viene el término “Ruta de la Seda”?

Ruta de la SedaComo ocurre con otros muchos conceptos o acontecimientos históricos, la Ruta de la Seda no fue nunca conocida por ese nombre en el periodo de más de 1.500 años durante los cuales representó la red comercial más importante de la Tierra.

El término fue acuñado a finales del siglo XIX, varios siglos después de su declive, por el geógrafo y geólogo alemán Ferdinand von Richthofen (1833-1905). En 1877, tituló un pequeño artículo de temática histórica “En las Rutas de la Seda de Asia Central…” (“Uber die Centralasiatischen Seidenstrasse…”) y la expresión se popularizó rápidamente para denominar a los corredores comerciales que habían unido a Oriente y a Occidente durante siglos.

Al año siguiente, el Geographical Magazine publicó un reportaje de cuatro páginas sobre “La antigua Ruta de Comercio de la Seda a través de Asia Central” (“The Ancient Silk-Traders’ Route across Central Asia”), y siglo y medio después todavía seguimos utilizando este término.

Lo que hoy conocemos como Ruta de la Seda eran todos aquellos caminos, fundamentalmente terrestres, que unían comercialmente el mundo conocido y conformaban un eje Oriente-Occidente conectando los imperios y las culturas de un extremo a otro. Fue la primera gran red comercial, iniciada alrededor del siglo I a.C., y también la más extensa, cubriendo un área de influencia tan grande como la casi totalidad del continente euroasiático, permitiendo el intercambio de bienes y conocimientos entre ciudades separadas por miles de kilómetros.

Aunque estos corredores operaban en ambos sentidos y tenían múltiples ramificaciones, algunas de ellas por vía marina, existe un consenso generalizado en torno a la idea de que la Ruta de la Seda partía de la antigua capital china, Xi’an, atravesaba Asia Central y Oriente Medio y desembocaba en el mar Mediterráneo, desde donde se dividía en varias subrutas que llegaban, por mar o por tierra, hasta Europa Occidental. Esta convención no está exenta de sentido histórico ya que, por un lado, la seda provenía en un principio exclusivamente de China. Además, existía en efecto una vía principal que articulaba toda la red como la nervadura de la hoja de una planta.

Debido al término acuñado por Ferdinand von Richthofen, la seda forma parte del imaginario colectivo relacionado con esta red de caminos y no se trata de una imprecisión ya que este tejido era el producto de mayor valor de los que viajaban en las caravanas de comerciantes. No obstante, la cantidad de bienes que se vendían y compraban era enorme, dando lugar a un mercado de dimensiones continentales. Las importaciones funcionaban en ambos sentidos: Occidente adquiría productos considerados exóticos como té, especias o porcelana, mientras que hasta Oriente llegaba perfume de Arabia, vidrio de Italia o incluso espadas de Toledo.

La Ruta de la Seda servía a unos objetivos económicos muy concretos. Prueba de ello fue su ocaso y abandono cuando otras alternativas pasaron a cubrir mejor estos fines. No obstante, este conjunto de caminos fue mucho más que una red de corredores comerciales. Como ocurre siempre en la historia, cualquier acontecimiento político o económico trae detrás una serie de repercusiones de gran calado tanto en el aspecto social como en el cultural. La Ruta de la Seda fue un punto de encuentro entre personas, pueblos y sociedades de todo el mundo conocido, así como un vehículo de difusión de ideas, conocimientos, estilos artísticos, creencias y corrientes de pensamiento.

 

Este texto es una adaptación de un fragmento del Trabajo Fin de Máster “La seda: el hilo conductor de un itinerario cultural. Proyecto de implantación de la Ruta de la Seda en la provincia de Valencia” de Luis Blanco Domínguez para el Máster Oficial en Gestión Cultural de la Universitat de València y la Universitat Politècnica de València (2015).

Turiart
comunicacion@turiart.com
No hay comentarios aún.

Añadir un comentario